lunes, 17 de diciembre de 2018

¿De dónde Viene el nombre de Atamu?

Atamu Araki, el protagonista de mi novela, fue tomado de Atamu Tekena, activista y Ariki que peleó por los derechos territoriales de Rapa Nui. Fue famoso por haberle entregado pasto a los chilenos, como diciendo que  podían quedarse con el pasto, porque la tierra no podían dársela. En esta entrada puedes conocer más detalles al respecto.

Atamu Tekena

A mediados de 1885, don Benjamín Vicuña Mackenna escribe un artículo titulado “El reparto del Pacífico”. En él hace referencia a que varias naciones europeas y americanas han anexado diversas islas y archipiélagos del Pacífico Sur y se pregunta por qué Chile no ha tomado ninguna, especialmente a Pascua que es la más cercana al territorio: “Si de nuestro país ha partido la luz del evangelio y de la civilización a Pascua, debe ser también nuestra bandera la que allí flamee”.

En 1870 la Armada chilena envía a la corbeta O’Higgins a un viaje de reconocimiento. Como cadete viaja Policarpo Toro.

Desde el establecimiento de la misión católica en la isla, el Obispo de Tahiti Monseñor Tepano Jaussen se preocupó por la situación isleña, abogando porque Chile tomara posesión de esta. Por otro lado, los rapanui en tres ocasiones diferentes solicitan formalmente la protección del gobierno francés, la cual es rechazada en todas las ocasiones. Francia no tenía mayor interés en ella.

En carta enviada el 6 de septiembre de 1871 al Reverendo Padre Superior de la Congregación de Valparaíso, Tepano Jaussen ruega a las autoridades eclesiásticas chilenas convencer al gobierno chileno de comprarle las tierras que el Arzobispado posee en Isla de Pascua.

“Me parece que la República no puede dejar escapar esta ocasión de apropiarse muy legítimamente de un punto importante sobre sus costas; esta isla es buena para llevar deportados, pero la utilidad más grande que puede Chile obtener de ella es el impedir, en un caso de guerra de que una nación extranjera instale allí un barco a vapor...”

En carta del 30 de septiembre del mismo año reitera esta petición,

“Nos haría un gran servicio al vender a la república de Chile nuestras propiedades en Isla de Pascua... Me parece que la República haría bien mal en dejar escapar esta ocasión de tomar posesión de una isla de 10.000 ha de buena tierra... Podemos más tarde negociar una venta entre la República y los naturales transportados acá[35] para la cesión de sus tierras pero lo esencial para nosotros es vender lo que nos pertenece...

Esta negociación es continuada por el sucesor de Jaussen, Mons. Marie Joseph, quien en carta enviada a Valparaíso en septiembre de 1887 sostiene,

“... estoy totalmente dispuesto a cederle con acuerdo de la Santa Sede, mis derechos de jurisdicción sobre Isla de Pascua. El Gobierno de Chile puede tomar posesión de esa isla y colonizarla transportando allí desde campos chilenos familias enteras...

En estas negociaciones un personaje clave será Policarpo Toro, quien actúa como intermediario en las negociaciones con la iglesia. Realiza varios viajes a Tahiti, recalando antes en Pascua, donde aprovecha de negociar con Arii Paea Salmon la posibilidad de comprar terrenos de propiedad de los hermanos Salmon, propietarios de los animales comprados a Tepano Jaussen y de los terrenos de los nativos en el sector de Vaihu, y propiedades de John Brander, sucesor de la Sociedad Brander-Bornier.

Así, a mediados de 1887, Toro suscribe un contrato con el Sr. Tati Salmón por sus propiedades en Pascua. Regresa a Valparaíso con la escritura de compra y venta de las propiedades de los hermanos Salmon, con un compromiso de venta de las propiedades de John Brander y el traspaso de la jurisdicción eclesiástica a Santiago.
(…)

El día 9 de septiembre de 1888, se firma un documento de cesión -Vaai Honga Kaina- y una proclamación -Vananga Haake-, ambos redactados en español y en una mezcla entre rapanui y tahitiano antiguo. El texto en español del documento de cesión, fue trascrito por Vergara en 1939. En 1974, los originales de este documento fueron entregados a Grant McCall por los ya ancianos Juan Riroroko Mahute y su esposa Luisa Tuki Kaituhoe para su custodia hasta que los tiempos sean propicios[39]. El acta es bastante concisa y el texto en español no hace alusión a la propiedad de la tierra, sólo hace referencia a la cesión de soberanía al Gobierno de Chile y especifica que los jefes rapanui se reservan el título de jefes del que están investidos. El texto en Rapanui/Tahitiano, difiere en algunos puntos sustanciales con el escrito en español. Este último habla de cesión de tierras, sin embargo en el texto rapanui se usa el concepto de mau te hoa kona “amigo del lugar”. Recordemos que pocos años antes, los isleños en varias instancias solicitaron al gobierno francés establecer el protectorado. No se habla de ceder tierras o su propiedad. De hecho, el texto en español habla de ceder para siempre y sin reserva la soberanía, mientras que el texto rapanui/tahitiano traducido al Rapanui moderno dice, ia i haka tika i ta ite runga, iraro ina he kainga kai ta, vale decir, “escribir sobre lo de arriba” , refiriéndose a lo superficial del terreno, “lo de abajo no se escribe aquí”, o sea no entra en el acuerdo, haciendo alusión al kainga, el territorio. Según la tradición oral, el entonces ariki Atamu Tekena como gesto simbólico y para reafirmar el acuerdo entre las partes, cogió un trozo de pasto con tierra entregándole el pasto a los comisarios, quedándose ellos con la tierra, queriendo decir con esto que otorgan la soberanía al gobierno chileno, pero se reservan el derecho inalienable y ancestral de su tierra.[40] Estella recoge las versiones de los isleños que recuerdan ”... que traía el capitán tres sacos de plata uno para el señor Brander, otro para el subdelegado y el tercero para el rey de la isla (?)... El rey rechazó el saco de dinero diciendo: ”... lleva tu plata, que yo, ni ningún kanaka, hemos vendido terreno alguno...”.

El rey, en ocasión que Pedro Pablo Toro ya estando solo en la isla, iza la bandera chilena, diciéndole:

“- Tu bandera puedes poner, pero en el mismo palo de nuestra bandera y en la parte baja, la alta es para la nuestra.
- Muy bien así lo haré, contestó el señor Toro, y el rey agregó:
- Al levantar tu bandera no quedas dueño de la isla porque nada hemos vendido: sabemos que el señor Obispo puso a la Isla bajo el protectorado de Chile, mas nada se ha vendido.”

Los periódicos de la época, al regreso a Chile de la nave Angamos, hacen alusión a este acto, escribiendo:
“La ocupación de la Isla de Pascua. La toma de posesión de esta isla tuvo lugar el 9 del presente con las formalidades i ceremonias de estilo en estos casos. Para constancia se levantó una corta acta en castellano i pascuense o como se llame el idioma de los naturales...”
Ya en esa época, hubo voces que lo cuestionaron. Una curiosa nota aparece en el diario La Época -26 de septiembre del mismo año-, haciendo referencia a las formalidades:

“La toma de posesión a nombre del gobierno de Chile de la isla de Pascua, dice un diario de Valparaíso, sólo fue presenciada por uno de los vendedores, Mr. Salmon y dos señores extranjeros y sin asistencia de ningún oficial del Angamos... La posesión solo se empezó a ejercer sobre lo que Mr. Salmon aseguró que le pertenencia y sobre lo que se llama la misión tahitiana. El resto de la isla quedó en manos de los señores Brander mientras estos terminan un juicio que tienen pendiente en Burdeos, terminado el cual entregarán la parte que les corresponde y recibirán por ella seis mil libras...” Finalmente aludiendo a un negocio personal del capitán del barco -compra de vainilla, cacao y coral- dice, ”... Ha sido el mayor provecho que se ha obtenido de ese viaje sin objeto práctico, sin utilidad para el Estado sin gloria para nuestra bandera. La ocupación de Pascua tiene sabor a filibustería”.

A través de este “Acuerdo de Voluntades”, se sella entonces la cesión de la soberanía entre el ariki Atamu Tekena y el Capitán Policarpo Toro. En este acuerdo están las bases del compromiso que asumiría el Estado de Chile frente a la isla y sus habitantes. Los isleños alegan el incumplimiento de tal compromiso, como causa de los muchos conflictos del pasado reciente y, en particular, de la actitud de rechazo de la comunidad rapanui hacia el “fisco” de Chile y a los chilenos en general[45].

La firma de este tratado tendrá consecuencias más adelante, cuando las autoridades se desentiendan de los acuerdos tomados por los jefes rapanui y Policarpo Toro, al confundir el concepto de soberanía con el de tenencia de la tierra, inscribe entonces la totalidad de los terrenos, con excepción de aquellos que ocupan los isleños, a nombre del fisco chileno, realizando licitaciones y ofreciéndola en calidad de arriendo; en definitiva y a través de estos mecanismos, otorgando títulos de dominio a quienes son sus propios dueños.

Resumiendo la situación de las tierras al momento de la firma de este acuerdo, el gobierno de Chile adquiere derechos sobre los antiguos bienes de la iglesia -635 hectáreas-, de los terrenos de los hermanos Salmón –aproximadamente, 700 hectáreas- y de los terrenos de John Brander. El resto seguía perteneciendo a los rapanui.

Fuente: http://biblioteca.serindigena.org/libros_digitales/cvhynt/v_i/1p/v1_pp_3_rapanui-_.html 

miércoles, 12 de diciembre de 2018

El origen de Javier Leucotón

El alcalde de Tirúa

Javier Leucotón, el alcalde de Tirúa que es a la vez lonco, y utiliza la política para fortalecer los intereses de su gente, está inspirado ligeramente en Adolfo Millabur, primer alcalde mapuche. El apellido Leucotón del personaje de la novela fue tomado del Cacique Leucotón, quien decapitó de un mazazo a Pedro de Valdivia en la Batalla de Tucapel. 

Alcalde Adolfo Millabur: “Es tiempo de ponernos de pie”

El primer alcalde mapuche del país que llegó a la Municipalidad de Tirúa sin saber firmar un cheque, propicia una Constitución plurinacional y ello no significa independencia, asegura. Por 14 mil años de historia pide respeto y consideración y, en el movimiento estudiantil visualiza la nueva forma de entenderse o contrato social que requiere un Chile todavía piramidal. “En esa fiesta vamos a entrar nosotros”, dice.
Fiel a sus raíces, instaló su casa en el sitio de su abuelo Domingo Millabur, ahí mismo en El Malo, a 35 kilómetros de Tirúa, en la comunidad donde creció junto a sus ocho hermanos y otros tantos amigos con los que caminaba 30 kilómetros diarios hasta la escuela de Antiquina. Se levantaba a las cinco de la mañana y entre juegos y peleas por el camino, llegaba a media mañana y después de dos o tres horas en clases, reemprendía el viaje. De noche estaba otra vez en casa.

Ni sabe cómo aprendió a leer, confidencia este primer alcalde mapuche del país en 1996, que ya va en su cuarto período con uno de “vacaciones democráticas” entre medio. Tenía, entonces, 28 años y experiencia como concejal, pero ni idea de firmar un cheque. “Si yo fracasaba, quedaba de ejemplo que el mapuche no era capaz ni siquiera para dirigir una comuna como Tirúa. El reto era difícil: primero traerles soluciones de la vida cotidiana a los tiruanos (no todos mapuche) y, al mismo tiempo, tenía que ser un espejo para mi pueblo. Con esa carga tuve que gobernar durante los dos primeros periodos”, dice.

Pero pasó la prueba de la blancura y pronto estuvo en las comunas adyacentes proclamando a otros candidatos de la etnia. Hace poco, como autoridad y dirigente de la Identidad lafquenche, participó en el encuentro empresarial Erede 2014, en SurActivo, en Talcahuano, donde apeló al mejor trato que espera para su pueblo tanto desde el Estado como del empresariado y de la necesidad de recuperar y preservar los recursos naturales del Wallmapu -el todo- del que cada humano es sólo una parte.

“Nadie está en contra de que se produzca madera, pero seamos responsables y respetemos el medio ambiente; si no cuidamos las macro y micro cuencas; si no cuidamos los acuíferos no solamente el alimento va a escasear; también el agua. Sin madera se puede vivir pero sin agua, no”, advierte Adolfo Millabur Ñancuil (48), bien convencido de que el pueblo mapuche está hoy en mejor pie para cristalizar sus demandas: una nueva Constitución plurinacional con relaciones interculturales que implique redistribución del poder.

Y cuando habla de “pluralidad”-enfatiza- habla de “cohabitación”, del respeto al otro en la dimensión que le corresponde; subraya que no se trata de expulsar ni a uno ni a otro, sino que de dialogar y de entenderse en forma fluida y con reglas distintas a las actuales que siguen siendo piramidales en Chile.

Fuente: http://www.revistanos.cl/2014/09/alcalde-adolfo-millabur-es-tiempo-de-ponernos-de-pie/



lunes, 3 de diciembre de 2018

El origen de Uomara

Uomara, uno de los antagonistas de "Tierras de Magia, Mares de Brujería", originalmente se llamaba Kupen, luego pasó a ser bautizado como Caupolicán Dawson, y finalmente se llama Uomara, inspirándose en un héroe de las leyendas de su pueblo. 

En esta ocasión comparto las leyendas en torno a este personaje.

Uomara vence al monstruo

Vivía en una caverna abierta en la parte sur de la isla Gabler, un monstruo, león, toro o foca, que vigilaba los mares que circundaban la isla y que devoraba a todos los que se acercaban a su alcance. Si alguna piragua desprevenida llegaba por esas aguas, el monstruo la destruia y el seguida sus tripulantes eran devorados. El terror que ese animal había infundido en todas las islas no era para ser descrito; pocos eran los que se sentían con coraje para lanzarse al mar, temerosos de un encuentro con el monstruo y de morir desgarrados por él. Un joven de nombre Uomara, pequeño de cuerpo, animoso y resuelto, muy diestro en todos los ejercicios corporales y en el manejo de los instrumentos de caza y pesca, con la honda y el arpón, tomó la resolución de exponerse a ser víctima del monstruo y librar a su país de esta amenazatodos los días; comunicó sus pensamientos a sus mujeres y aunque trataron de disuadirlo de su peligrosa empresa, emprendió su expedición. Solo, en su piragua, se dirigió a los sitios frecuentados por el monstruo, el cual, apercibido de una presa que sin duda le parecía fácil, le salió a su encuentro impetuoso, para hacerlo su víctima. Uomara no se sintió amedrentado de la proximidad del enemigo de su pueblo, y echando mano a su honda, le lanzó un guijarro, que le acertó en un ojo; otro lanzado con igual destreza y suerte lo dejó ciego. La empresa se facilitó en extremo, su arco lo acribilló con saetas y el arpón consagró por último la victoria del héroe. Uomara cargó con el cadáver comprobante de su victoria, lo que le valió el aplauso general y la gratitud del pueblo que, en celebración de la extinción del sanguinario monstruo, se entregó a las locas alegrías.

Versión de Alejandro Cañas Pinochet

Otra hazaña de Uomara

Vivía en las costas de la isla Hoste un feroz gigante, producto de los amores de un peñasco y una mujer, que hacía sus presas predilectas en las mujeres de las comarcas vecinas, a las cuales llevaba a las grutas que habitaba, para disfrutar sin otra limitación que su deseo de los obligados amores de sus raptadas, quienes se veían forzadas a ser complacientes para librarse de su crueldad. Los hombres de la comarca, amedrentados por la ferocidad del gigante, no se atevían a intentar siquiera la libertad de sus mujeres y esta impunidad animaba al gigante a ser cada día más cruel con sus prisioneras.
Alentado Uomara con el éxito obtenido en su empresa contra el monstruo de la isla Gabler, se dispuso a ir a desafiar al de Hoste, matarlo, darle libertad a las mujeres cautivas y devolver la tranquilidad a sus compatriotas. El gigante tenía a su favor sus hercúleas fuerzas, la fama de su ferocidad y solo tener una pequeña parte de su cuerpo vulnerable, que era el talón.
Uomara no tomó en cuenta la desventaja en que en la lucha estaría respecto del gigante; y aprovechando la ocasión de que este se vio repentinamente enfermo, fue a su guarida, lo atacó con el mayor denuedo, lo venció y le dio muerte. En seguida devolvió a las mujeres cautivas su libertad, cargó con el cadáver del gigante y llegó con él al puerto de donde había salido. 

Versión de Alejandro Cañas Pinochet

Fuente: Plath, Oresthe. Geografía del mito y la leyenda chilenos. 1995, Santiago: Grijalbo.

¿De dónde Viene el nombre de Atamu?

Atamu Araki, el protagonista de mi novela, fue tomado de Atamu Tekena, activista y Ariki que peleó por los derechos territoriales de Rapa N...